Cucharadas de otoño

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Ya estamos en pleno mes de octubre. Aunque los veranos cada vez se alargan más y el mercurio del termómetro desciende perezoso en estas primeras semanas del otoño, empezamos a vivir sensaciones térmicas más frescas. El popularmente conocido como veranillo de San Miguel se hace presente con todas sus ventajas e inconvenientes: temperaturas templadas y agradables durante el día, fuertes bajadas al caer el sol y una inestabilidad climática bastante impredecible.

Mientras empezamos a hacer el cambio de ropa de armario sumidos en la duda sobre qué tiempo hará en los próximos días (u horas), nuestras papilas gustativas no pueden evitar empezar a mandarnos señales de que ha llegado el momento de cambiar los hábitos alimenticios que hemos mantenido en los últimos meses. 

El otoño nos invita a volver a coger las cucharas que tan abandonadas tuvimos durante el verano (excepto para los postres) y quitar el polvo a los platos hondos, abandonados hace meses al fondo de la alacena. Por fin ha llegado la época para volver a disfrutar de los platos calientes. 

Cocido de la abuela

 

Sin duda, los platos de cuchara son una de nuestras opciones gastronómicas favoritas (el nombre de nuestro restaurante no deja mucho margen de duda). Y también lo son para los clientes que visitan a diario La Cuchara de Carmela, de acuerdo a los más que comentarios que les dedican en plataformas como Google MyBusiness o TripAdvisor. El porqué es muy sencillo: tienen magia propia. 

Además de su carácter reconfortante, los platos de cuchara poseen una capacidad especial para reconfortar. Y no nos referimos solamente a la recuperación de nuestros destemplados cuerpos gracias a su contenido calórico, sino también al alma misma. 

Los sentimientos que evocan el degustarlos nos transportan a cálidos rincones de nuestra mente: el recuerdo de la cocina tradicional, como la hacían nuestras madres y abuelas; ese mágico sonido de chup-chup del caldo en el fogón; el inconfundible aroma de su mezcla de ingredientes. Sí, nos recuerdan a casa. 

¿Quién no disfruta de un buen plato caliente?

Como siempre, como en casa

A estas alturas seguro que vuestros estómagos piden a gritos un buen puchero con el que acompañar la lectura, y las buenas noticias son que tenemos algunas sugerencias para vosotros. 

Algunas de ellas son más contundentes, idóneas para los días fríos que vendrán en los próximos meses, mientras que otras resultan más ligeras, especialmente recomendadas en estas temperaturas templadas del inicio del otoño. 

Callos con garbanzos

 

Lo que sí es común a todas ellas es que son propuestas que recogen toda la riqueza culinaria de varias regiones de España, aunque con el toque propio de nuestro equipo de cocineros, que hace de cada uno de ellos una experiencia única. 

– Cocido de la abuela: uno de los guisos más castizos que pueden existir, con múltiples variantes regionales y no menos ingredientes diferentes. En él la clave principal es que el caldo absorba bien el sabor de los alimentos utilizados en su preparación. Un plato siempre completo que en nuestro caso preparamos con verduras de temporada, morcilla, pollo y tocino.

– Sopa de puchero con yema: una receta clásica que a más de uno traerá muy buenos recuerdos. Más ligera que el cocido, simple y deliciosa, la presentación en mesa juega un papel determinante. Es especialmente recomendable aderezarla con unos taquitos de jamón de Trevélez.

– Callos con garbanzos tostados: otro plato muy castizo, símbolo de la gastronomía madrileña y de esos guisos que os hacen acabar con nuestras existencias de pan. Objeto de deseo de los que aprecian los productos de casquería, su potente y sabrosa salsa es su principal valor. Nosotros también le añadimos garbanzos tostados, especiados y extra crujientes.

– Sopa de maimones: nuestra selección de platos de cuchara no estaría completa sin tener en cuenta esta receta, típicamente granadina. Esta sopa, que a simple vista puede parecer similar a la sopa de ajo, se diferencia enormemente en su sabor, fruto de la perfecta emulsión del agua con una fritura de ajos en aceite de oliva, coronada por generosos picatostes de pan frito.

 

Como podéis ver, tenemos opciones para todos los gustos, por lo que la decisión sobre cuál probar primero depende exclusivamente de vosotros (ya que si probáis todas de una vez no podréis levantaros de la silla).

Lo que sí podemos sugeriros es con qué bebidas acompañarlas: los vinos tintos no siempre son la mejor opción (que bastante contenido calórico ya le estaremos metiendo al cuerpo). En este sentido sí apostamos por romper con la tradición y decantarnos por un cava, como el Brut Nature de Pere Mata, cuyo carácter afrutado, refrescante y un reconocible regusto cítrico ejercen un contraste perfecto con estos platos tan apetecibles para esta temporada de otoño que con tanta ilusión estábamos esperando.  

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